Te rompieron, te fallaron, te dejaron sola. Una y otra vez, sentiste que no estabas a la altura, que no lo merecías, rompiste cada espejo en el cual pudieras reflejarte. Quisiste tanto, pero tanto, y no les importó ni un poco. Se olvidaron de que estabas ahí, tu presencia les era tan irrelevante como tu ausencia. Y te creíste todo. Cada palabra, cada acto, cada gesto y cada silencio. Te ganaron, y pensaste que lo mejor era intentar sobrevivir, contabas los días como uno menos, despertarte te costaba tanto como acostarte y la muerte ya no era temerosa, era una meta. Estabas triste y nadie estuvo ahí, y ya no te dolió, te habías acostumbrado a caminar sola.
Sin embargo acá estás, tan rota como antes pero te quitaste ese peso de los hombros y lo cargaste bajo el brazo. Despedazada. Y caminas igual, rengueando un poco, pero siempre con la cabeza en alto. De ese dolor supiste aprender y hoy solo te rodeas de lo bello, porque así lo aprendiste a ver, después de ese huracán, todo te parece un parque de diversiones.
Te da un poco de fobia si te nombran esa palabra parecida a roma, a ramo, a mora. Sin embargo cuando ves los ojos de mamá el corazón te explota, tu mejor amiga cocina para vos y no paras de abrazarla ni dos segundos, cuando ves dormir al ovejero alemán del vecino que medio corre en sueños, siempre te invade esa ternura, la que te caracterizó toda tu vida. Te la arrebataron dijiste, pero cuando te vi llorando a mares por matar sin querer una mantis en el patio, supe yo y supimos todos, cuanto nos mentiste.
Ayer fuiste aquello que no quería vivir, poco a poco te fuiste reconstruyendo, y hoy el concepto de vida sos vos. Disfrutas cada paso y cada caída también, porque aprendiste, al final de todo agradeciste haber perdido la llave, destruir todo, porque así, te construiste vos. Dejaste de desvivirte por abrir todas las puertas, y aprendiste que a la lluvia y a la vida, hay que bailarlas.

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