Hoy lo extrañé

Hoy lo extrañé. Han pasado dos meses desde que prometí dejarlo en el olvido para poder encaminar mis deseos a otro muelle. Pero hoy lo extrañé. A usted y a sus huellas dulces, despistadas y ordenadas, alteradas por mantener el orden. Extrañé sus ojos dulces, curiosos, que siempre buscan de manera inconsciente llamar la atención. También a sus labios carmesí oscuro que tienen por hobby el hablar mientras sonríen, instintivamente, queriendo generar misterio en la simpleza. Y no puedo olvidar la poesía de sus manos, desprendiendo ternura por doquier, danzando al ritmo de su voz, haciendo mímicas compulsivas y tranquilas que transmiten deseos de tocar.
¿Cómo se atreve a no darme una solución en esta situación, cuando siempre la tuvo en todo lo demás? Haciéndome perder el tiempo en escribir cartas sin destino, aunque más me duele que el emisor sea un corazón triste y perdido, quizás también vagabundo en el cuerpo que lo aloja y me pertenece. Pero tal vez no. Yo lo despojé. Me quise desprender, lo intenté callar, reprimirlo en una almohada mojada. Descubrí en el intento que grita muy fuerte y no me deja pensar con claridad, es mi fiel enemigo, nunca me ha dejado sola aunque se lo he pedido.
Me encantaría saber donde está usted ahora, por qué aún no me llega su mensaje, al final de cuentas, ¿Me creí la mentira de que exista una posibilidad para mí? ¿De verdad que no ha intentado buscarme entre la gente? ¿Es real que soy una más entre la multitud para usted?
Que inestable ha convertido mi autoestima, cuando ayer creía estar cerca de la minoría, ahora recuerdo que eso no lo decido yo, lo decide usted con cada acto. Tan tóxico como el veneno es este amor, pienso y afirmo, que sin su opinión no existo, más que en mi mundo irreal.
Yo no comprendo que es lo que no tengo, pero comprendo que no me elija, porque al final, aunque sea grandiosa, usted pertenece a un mundo celestial.
Y solo me queda extrañar.


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