Carta IV: LIBERTAD

Es la última vez que escribo en mi libreta y aún no entiendo por qué sigo extrañándolo, si ya le expliqué a mi corazón y alma reiteradas veces lo poco que a usted le intereso. Y he entendido bien, no se confunda, es solo cuestión de tiempo... espero. Pues he visto que sus ojos no son tan transparentes y su mente tal vez no es tan brillante, su corazón también tiene manchas y su conciencia no está tan libre, como yo pensé. 
Dejé por fin de idealizar su persona, lo cual me tranquiliza bastante, pero aun así lo sigo buscando, lo que es muy curioso ya que suelo ser de esas personas que no perdonan faltas ni tropiezan dos veces con la misma piedra (incluso, no se perdonan haber tropezado una primera vez). 
¿Será mi destino la mejor jugada del karma? De otra forma no logro entender la suerte que corro amándole, cómo no haber sabido que ese ángel que deseaba tanto por la pureza que vislumbraba, sería el mismo demonio que me llevaría a un infierno que quema a fuego lento, y del cual creo disfrutar su dolor. 
Me ha dejado una tarea indescifrable, y sé que si lo supiera, no dejaría de reír victorioso. Usted ama ganar tanto como yo, todavía recuerdo nuestras batallas de comentarios sarcásticos tan inentendibles para el resto pero que tanto disfrutábamos tener, y su sonrisa preciosa tan blanca y reluciente como el metal de su cadena de plata. 
Bello como el sol, como ese sol que asesina a la luna en todos los amaneceres, quitándole su luz y brillo, para tomar todo el protagonismo y además, dejarla revivir todas las noches recordándole lo inútil y estupida que es su existencia, diciéndole que es hermosa pero que nunca lo será más que él, que puede brillar pero solo gracias a él, y que depende de su existencia para poder ser. 
Intensa. Es mi mejor descripción, si con un saludo forzado suyo cuelgo la bandera blanca y caigo de rodillas, débil como una hoja seca, que ha nacido y sobrevivido a un invierno helado, ha disfrutado de una primavera radiante y ha sido la mejor herramienta del árbol en verano, pero el otoño llega y la seca, marca su punto de llegada, la hace caer y romper en mil pedazos, marchita y sin colores. Usted es mi otoño, y yo confiaba en que fuera mi mejor primavera. 
Le voy a dejar ganar, nunca me amará porque ni siquiera me verá, yo tomaré una cartera pequeña donde pueda guardar los pedazos de alma rota que quedan junto a las cenizas de un corazón incinerado, le veré triunfar y le ayudaré desde donde pueda, porque lo quiero ver brillar como el sol, en una eterna primavera. Espero que me recuerde sacándole una sonrisa, fue mi mayor triunfo todo este tiempo, he  disfrutado cada segundo de su presencia y de su ausencia también, llorando en cada página que le he dedicado, y rezando a todos los dioses en los que no creo para que por fin, me dé una oportunidad. 
Pero el tiempo se ha acabado, le regalé todo lo poco que tenía, fue con las mejores intenciones y los mejores deseos. Hoy me despido, soy libre, usted también de todo este inexplicable amor, no me volverá a ver y yo no volveré a caer. Así funciona el mundo, dando vueltas y haciendo de las mayores fantasías, una realidad. 
Tendré un buen viaje, cruzaré cada escalón con una sonrisa sabiendo que di todo. Voy a viajar tranquila y sin pausa, sin mirar atrás, rompiendo y armando memorias, usted me recordará cuando no pueda dormir de madrugada, y una hoja seca que baila en alguna noche de otoño, le cuente en un susurro de tristeza, que a esta última página de la libreta, la leerá cuando yo viva sólo en un recuerdo, y le ruego, que también en su maleta. 

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