A quien quiero engañar, si desde aquel último “adiós” no he pensado más que en verlo aunque sea cinco minutos, mirarlo de cerca, de lejos, que más da, lo tengo en frente y el pecho me explota de amor, y el alma escribe poesías. Lo busco siempre, porque es su delgada figura que medio camina y medio danza la que me reconstruye y me transporta a un lugar de fantasía, la que me dice sin hablar que todo estará bien y me pide a gritos que no deje de adorarla. Lo admiro tanto que me alcanza el solo hecho de coincidir en tiempo y espacio, escucharlo hablar y hacer esos gestos de los que hoy soy tan dependiente.
Que difícil que sea usted, el veneno sabe tan bien a veces, no puedo aceptar que no me quiera si yo aún pienso en ese primer día. Me genera bienestar que interactuemos y nos perdamos un poquito en este juego que los dos tan bien entendemos.
Siempre la historia se repite cuando de usted se trata, pero es que me ha encerrado en una jaula en la cual no me siento incómoda, me quedo esperando, esperando que se me pase, que usted se pase, que me quiera, o lo que quiera. De todas las opciones, noches de alcohol en bares de mala muerte es la única que se vuelve realidad. Solo tomo cerveza y malas decisiones, pero el efecto se va y usted sigue ahí, tan presente como siempre, tan ausente por rutina.
La peor parte es que sé bien que va a doler, cuando me diga que no me quiere y no me busca como yo creía que lo hacía, porque mi mundo es un poco así, viendo donde no hay para mirar, imaginando rosa en fotos sepia.
Pero no voy a huír, soy tan metafóricamente cobarde para hacerlo, me ahogo en sueños y abrazos que no van a suceder, siento tanta envidia de quien le puede preparar el desayuno cada mañana, ¿Qué es lo que tiene, si es tan normal y usted tan especial? No puedo seguir pensando porque el corazón me tiembla y pide un descanso, piénseme hoy, imagine que me necesita, ahora estoy abrazándole, no me suelte, y no hable muy fuerte, no me quiero despertar.
Que difícil que sea usted, el veneno sabe tan bien a veces, no puedo aceptar que no me quiera si yo aún pienso en ese primer día. Me genera bienestar que interactuemos y nos perdamos un poquito en este juego que los dos tan bien entendemos.
Siempre la historia se repite cuando de usted se trata, pero es que me ha encerrado en una jaula en la cual no me siento incómoda, me quedo esperando, esperando que se me pase, que usted se pase, que me quiera, o lo que quiera. De todas las opciones, noches de alcohol en bares de mala muerte es la única que se vuelve realidad. Solo tomo cerveza y malas decisiones, pero el efecto se va y usted sigue ahí, tan presente como siempre, tan ausente por rutina.
La peor parte es que sé bien que va a doler, cuando me diga que no me quiere y no me busca como yo creía que lo hacía, porque mi mundo es un poco así, viendo donde no hay para mirar, imaginando rosa en fotos sepia.
Pero no voy a huír, soy tan metafóricamente cobarde para hacerlo, me ahogo en sueños y abrazos que no van a suceder, siento tanta envidia de quien le puede preparar el desayuno cada mañana, ¿Qué es lo que tiene, si es tan normal y usted tan especial? No puedo seguir pensando porque el corazón me tiembla y pide un descanso, piénseme hoy, imagine que me necesita, ahora estoy abrazándole, no me suelte, y no hable muy fuerte, no me quiero despertar.

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